El crítico Jordi Revert ha elaborado la siguiente crítica en exclusiva para Señor Calle, disfrútenla:

El reciente fallecimiento del director de fotografía Gordon Willis sacó a la palestra las inolvidables texturas que era capaz de dar a muchos de los trabajos en los que participaba. Particularmente memorable resulta la iluminación que dio marcada personalidad a las imágenes de la trilogía de El padrino y, en especial, la de una segunda parte volviendo la vista atrás hacia el pasado fundacional del negocio familiar de Vito Corleone. En su llegada a la tierra prometida, las escenas del Corleone de Robert de Niro se bañaban en una luz tenue y de colores sepia, poniendo la temperatura emocional y épica a un sueño americano identificado en el crimen y el capitalismo.
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Algo más de cuarenta años después, James Gray, vía Darius Khondji, da a su quinto trabajo similar piel lumínica a la de aquellos fragmentos de El padrino. Parte II (Francis Ford Coppola, 1974) para hablar de la fragilidad de aquel sueño y también de un clasicismo olvidado entre las brumas de la posmodernidad cinematográfica. Lo que resulta fascinante de El sueño de Ellis es su calidad de comentario y filme-pleitesía al periodo clásico que se forja en el modo en que la cámara registra los rostros de Joaquin Phoenix y Marion Cotillard, el primero golpeado por el amor no correspondido y la segunda por la decepción de una esperanza reducida a pedazos por la realidad de las calles. Este triángulo entre un atormentado proxeneta, una prostituta a la fuerza y un ilusionista (Jeremy Renner) hereda con exquisitez pero con distancia los tratamientos del melodrama clásico con mujer sufridora de por medio. Si en Two Lovers (Gray, 2008) los tonos fríos, neblinosos con los que Gray recogía la ciudad de Nueva York enmarcaban un delicado cuento moral, aquí las amarillentas imágenes hacen lo propio con un relato asfixiante y sin miedo a levantar la voz, en el que las penurias del personaje Cotillard desvelan con elegancia pero sin miramientos la condición de espejismo de la vida prometida a los pies de la Estatua de la Libertad.

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Así, El sueño de Ellis es una película capaz de bordear el subrayado sin caer al precipicio, un drama que respira tranquilidad mientras arremete con dureza contra el discurso oficial cargado de esperanza. El último plano, culmen de un incesante juego de espejos, habla personajes redimidos en el fracaso y de otros al fin premiados con una pequeña victoria, pero sobre todo se postula como el doble reflejo que arroja una utopía ya destrozada, de la que solo queda (o no) un último resquicio para la supervivencia.