Este año Señor Calle no pudo acudir a su rigurosa cita en Sitges, así que hemos encargado un informe a Herkemer Homolka que pasaba por allí. El señor Homolka y su expedición gorilera nos han preparado un detallado documento de su breve pero intenso finde en la capital del terror y el fantástico:

herkemer-homolka-x-srcalle¡Hola! Soy Herkemer Homolka, buscador de tesoros, os voy a relatar mi fin de semana en Sitges 2013 en el que un total de 5 largos y 2 cortos, y una divertidísima “Zombie Walk” amenizaron mis 48 horas en el veterano festival, que ya va por su 46 edición.

Para empezar, un clásico al frescor nocturno de una terrazita: “La Semilla del Diablo”. Como esta película tiene ya 46 años (igual que el festival) me permitiré hacer algún spoiler, aunque ya está destripada desde antes de verla, gracias al que se le ocurrió el título en castellano (¿Dónde quedó lo de “Rosemary’s baby”?) Está vista, leída, y vuelta a ver, pero gusta e inquieta a partes iguales. Los compases finales con la canción de cuna, lo que no se ve pero se intuye (terror psicológico de bueno y del real), los secundarios de lujo que acompañan a Mia Farrow durante toda la película… muy buena adaptación de la novela de Ira Levin por parte de Polanski, que vino genial revisar nada más comenzar nuestra andadura por Sitges 2013 y descubrir todos los guiños que la organización nos había preparado por la ciudad: carritos negros everywhere, señoras con bata de dormir que se paseaban por los alrededores del Melià, cerveza Moritz 666
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Me inquietó pensar en que, con lo escasos que andan últimamente de ideas, a Hollywood se le ocurra el remake innecesario de esta película con René Zellweger cortándose el pelo a lo Vidal Sasoon (la imagino diciendo la frase con su boquita llena de votox y me estremezco). O lo que podría ser peor… llevar al cine la segunda parte de esta novela, que si no habéis leído, eso que os ahorráis.

Continuamos con La Nit + killer, que nos dio una madrugada muy amena con el siguiente cartel.

  • Torturous: Corto de 6 minutos divertido, con ritmo y sangre, sobre un orientador profesional a punto de ser torturado. No hace falta más.
  • 100 Bloody Acres: Sin llegar al terror, una peli australiana con una banda sonora peculiar, chistes buenos, y un dúo de hermanos rednecks que lo clavan haciendo el mejor abono de la contornada. ¿El ingrediente secreto? Cadáveres humanos. Una de las mejores comedias-gore de los últimos años, sin llegar a ser Shaun of the Dead, ni The Loved Ones.
  • Los Crímenes del Día de Todos Los Santos: Otro corto muy recomendable que gira en torno a la elaboración de sobrasada en Ibiza y la desaparición de hippies durante los años 60 y 70. Inexplicablemente, tiene una intro y una outro de un señor que nos cuenta todo lo que vamos a ver, un poco regulín, y al final saca su propia conclusión… Como si fuera un documental. Obviando esto, que no tiene sentido dentro de la historia en sí, lo que es el corto nos hace pasar un rato muy ameno, con unos créditos iniciales vistosos, unos diálogos que te partes de risa, y un tándem de abuelos muy peculiar. Por otro lado, la pareja de daneses hippies, no son hippies, ni daneses… y se nota.
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  • An American Terror: En todo ciclo te cuelan una (o dos), y esta vez nos la metieron doblada. Unos jóvenes planean la masacre de sus compañeros de instituto a lo “Elephant”, para lo cual entran en casa de un amante de los rifles a robarle el armamento, produciéndose un giro argumental en la trama: pasa de ser una película mala, a muy mala. No hay por donde cogerla. Te gustará si te gustó “Solo En Casa + Saw” “The Colector” y no te importaron las reacciones incongruentes de los protagonistas. En ésta, incluso los adolescentes (o no tanto) se echan una siestecita mientras corren por su vida. Se aburren hasta ellos. Además, al final de los títulos amenazan con una segunda parte. No, gracias.
  • Hatchet III: Pues como la I y la II, pero un poco peor. Sólo un poco, ojo. Está muy bien, con el mismo chino de las anteriores haciendo un nuevo papel , el chico de Gremlins como policía, la chica haciendo de la chica, y Victor Crowley paseándose por tercera noche consecutiva por los pantanos de Nueva Orleans. Esta leyenda urbana, muerto viviente, fantasma, alma errante… etc, es el Jason Voorhees del nuevo siglo, masacrando turistas, lugareños, militares y lo que se tercie. Slasher del bueno, y sin jovencitos descerebrados que se van a nadar solos. Mejor. Nos mantuvo despiertos de 5.30 a 7.00 de la mañana, y salimos pensando… ¿Hatchet IV? ¡Si!
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Y el estreno más esperado, sábado noche en el Melià, con la presencia de director, productor y actriz principal:

The Green Inferno: No sabemos si a Eli Roth lo guardan de año en año en un altillo y lo desempolvan para formar parte del atrezzo del festival, pero cada Octubre lo tenemos por ahí. Esta vez nos presenta a unos hippijos muy implicados con la causa que van a Perú a salvar la selva y a la tribu que la habita, para ser luego interceptados por la tribu en cuestión que pretende comérselos. Promete, pero resulta un poco “pudiendo ser… y no siendo”. Tarda en arrancar lo suyo, algo a lo que el director ya nos tiene acostumbrados, pero esta vez no es un arranque in crecendo como en Hostel (las dos) o Cabin Fever, sino que nos presenta el meollo de la cuestión muy bien, con una escena memorable (tribu, suma sacerdotisa, desmembramientos, canibalismo…) y pega un frenazo de nuevo. Veremos dos escenas explícitas de los nativos haciendo de las suyas, nada más, que no saciaron mi apetito caníbal. No por calidad, quede claro, sino por cantidad. Está bien, pero sabe hacerlo mucho mejor, y sin que se note el digital.
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En lo que respecta a cine, eso fue todo. La Zombie Walk, divertidísima, con un pistoletazo de salida en forma de grito revienta-tímpanos por parte de Lorenza Izzo (Aftershock, The Green Inferno), y una feria del Vino de Sitges muy pintoresca: unos cuantos zombies se estaban tomando una copita antes de echar a andar.