Liam Neeson trabaja mucho. Es un tio trabajador, que le gusta la vida entre caravanas y alfombras rojas. Claro pero quizás trabaja demasiado, por que es un actor, en mi opinión, muy irregular, aunque siempre correcto…recuerdo que fue el maestro de Obi-Wan…respeto.

Lo conocimos en Excalibur (1981), después lo vimos en La misión (1986), que fue la película que ponía Renfe en sus trenes durante años.
Sam Raimi lo eligió para ser Darkman (1990).
En este punto de su carrera, pensaríamos que iba a ser carne de serie B, pero su papel de Oskar Schindler en La lista de Schindler, estuvo cerca de conseguir el Oscar. La industria lo acepto.
Hizo Rob Roy (La pasión de un rebelde) junto a un cabrón Tim Roth.
George Lucas lo eligió para volver a conectar con el público en Star Wars: Episodio I – La amenaza fantasma .

Entonces Liam empezó a acelerar su ritmo de trabajo…The Haunting (La guarida), K-19: The Widowmaker, Love Actually, Gangs of New York, El reino de los cielos, Kinsey, Batman Begins….entre muchas. Películas algunas olvidables y otras poco recomendables, pero el siempre correcto como actor, un profesional del medio.
También tiene peliculones de acción a tope como “Venganza” donde reparte muchas galletas, golpes secos o Sin identidad, siendo protagonista absoluto. Pero claro entre todas las que hace, alguna castaña nos cuela. Como por ejemplo “Crónica de un engaño” con Antonio Banderas. Algo raro. Hay una escena donde caminan uno al lado del otro y parece el rodaje de Hobbit.

Bromas a parte,de vez en cuando nos mete algo raro con olor a tufillo. Pero da igual, con esa nariz con personalidad propia y ese toque de buen hombre pero con facilidad para el encabronamiento, Liam Neeson puede contar a sus nietos que empuñó un sable laser.


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